EL LIDERAZGO CLÁSICO SEGÚN PLUTARCO: LA ALTERNATIVA ÉTICA EN LA ERA DE MAQUIAVELO

 Por: Jorge TORRES


Hace unos meses, husmeando como un auténtico ratón de biblioteca, di con un antiguo volumen

de Plutarco —el célebre historiador y filósofo griego (Queronea, c. 46 o 50 – Delfos, c. 120)—

titulado How to be a leader, Cómo ser un líder. Sin titubear, lo adquirí de inmediato. Se trata de

una edición moderna cuyo nombre original es Moralia, y reúne ensayos tan provocadores como

"A un gobernante inculto", "Preceptos políticos" y "¿Debe un anciano intervenir en política?".

Devoré sus páginas sin reparos, pues siempre he sostenido que el arte de gobernar no debería

cimentarse en los fríos y maquinales preceptos de El Príncipe de Maquiavelo, sino en una

alternativa de raíz ética. Fue oportuno el instante de tropezar con esta obra fundamental, ya que

resulta urgente recuperar las enseñanzas morales de Plutarco, quien desde la antigüedad nos ofrece

ejemplos de dirigentes griegos e incluso —para mi propia sorpresa— del mismísimo Imperio

Romano. Durante siglos, la toma de decisiones en las altas esferas del poder, así como en

numerosas organizaciones, ha estado profundamente marcada por Nicolás Maquiavelo. En El

Príncipe, el florentino consolidó una narrativa pragmática y despiadada: el fin justifica los medios,

la política y la moral transitan por sendas distintas, y conviene más ser temido que querido. Aunque

esta concepción de la realpolitik ha resultado útil para la supervivencia táctica a corto plazo, el

escenario contemporáneo de la gobernanza pública y la gestión en ingeniería reclama un giro

radical de paradigma. En nuestros días, la sostenibilidad institucional y la complejidad técnica no

admiten administrarse desde la manipulación. ¿Conservarán vigencia las ideas del viejo Plutarco

para reivindicar estas lecciones en la alta dirección empresarial y en los gobiernos de hoy?



Libro Cómo ser un líder – Foto por Jorge TORRES



En el ámbito de la gerencia en ingeniería, las prácticas maquiavélicas resultan no solo obsoletas,

sino peligrosas. La ingeniería moderna no se basa en el esfuerzo aislado, sino en la alta

colaboración, la innovación abierta y la gestión de sistemas complejos donde el error humano

puede costar accidentes, millonarias pérdidas materiales o en el peor de los casos vidas humanas.

Un gerente de ingeniería que adopte una postura maquiavélica —ocultando información para

mantener cuotas de poder, dividiendo a los equipos de desarrollo o fingiendo competencias

técnicas que no posee— destruye el pilar fundamental del alto rendimiento: la confianza

psicológica en la organización. El lider debe ser guiado por la Diosa Griega Athena, osea por la

sabiduría.


Plutarco argumentaba que el verdadero liderazgo es una extensión directa del carácter moral y del

autogobierno. Para el filósofo clásico, un líder debe ser capaz de gobernarse a sí mismo antes de

guiar a otros. Trasladado a la gerencia técnica, el autogobierno plutarquiano se traduce en la

templanza para escuchar el criterio de los expertos, admitir las limitaciones propias y priorizar la

seguridad y calidad del proyecto por encima del ego personal. El líder plutarquiano no recurre a la

arrogancia o a los gritos para fingir autoridad, una conducta que Plutarco comparaba con la de los

"escultores inexpertos" que deforman sus estatuas para hacerlas parecer imponentes. En su lugar,

el gerente de ingeniería inspira a través de una conducta impecable y una comunicación

transparente, garantizando que los canales de auditoría y los reportes de fallas críticas fluyan sin

el temor a represalias políticas internas. Algo similar como se maneja la actual gestión de proyectos

y como se enfocan las escueles de gestión actuales que tratan de usar mas el estilo ontológico de

Plutarco que a los tradicionales consejos superficiales de Maquiavelo.




Busto de Plutarco en Queronea - Grecia – Foto de internet


Por otro lado, la gobernabilidad pública enfrenta una crisis de legitimidad global debido, en gran

medida, al abuso de las doctrinas del engaño y la apariencia heredadas del Renacimiento.

Maquiavelo afirmaba que un gobernante no necesita ser virtuoso, sino únicamente aparentar serlo, 

puesto que la masa juzga por la superficie. Sin embargo, en la era de la información y la

hiperconectividad, las fachadas políticas se desmoronan con rapidez. La simulación erosiona el

tejido social y desconecta a las instituciones de las necesidades ciudadanas.


Cuadro Comparativo: Plutarco vs. Maquiavelo


Frente a esto, Plutarco nos recuerda que el líder político vive "bajo el microscopio". No existe

separación entre la vida pública y la privada cuando se trata de la confianza del pueblo. La

gobernabilidad pública basada en preceptos plutarquianos asume el poder no como un privilegio

para saciar la vanidad o la gloria personal, sino como una carga de servicio orientada por la razón

y orientada hacia el bien común. Mientras que Maquiavelo promueve el uso instrumental del miedo

para mantener el orden, Plutarco demuestra que el miedo es un mecanismo alienante y efímero.

La verdadera estabilidad estatal nace del respeto mutuo y la elocuencia persuasiva, donde el

gobernante utiliza la retórica racional para educar y movilizar constructivamente a la ciudadanía,

en lugar de apelar a sus pasiones más bajas o polarizarlas para su propio beneficio. Muy diferente

a nuestra sociedad actual donde el respeto esta perdido entre las naciones con insultos y propuestas

políticas bárbaras inhumanas y los pueblos polarizados según los intereses de algunas élites

minoritarias a su antojo.


La confluencia entre la gerencia técnica y la gobernabilidad pública es cada vez mayor; los

megaproyectos de infraestructura, las transiciones energéticas y la regulación de la inteligencia artificial

requieren líderes que dominen tanto la técnica como la ética, de hecho uno de los

patriarcas de la inteligencia artificial el profesor de la Universidad de Montreal, Yoshua Bengio

aboga por una IA ética y responsable en sus aplicaciones. Seguir el manual de El Príncipe en lugar

de las lecciones de Plutarco se conduce a la corrupción de los datos, el encubrimiento de fallas

estructurales y el colapso de las políticas públicas o empresariales, lo que genera un pandemonium

social que tiende a autoextinguirse por la barbarie.


Abandonar a Maquiavelo para abrazar a Plutarco no constituye un gesto de idealismo cándido,

sino una exigencia rigurosamente práctica y pragmática para el siglo XXI, ya ensayada, por lo

demás, en la antigüedad. La historia ha evidenciado que los dirigentes que cimientan su gestión en

la manipulación y la coacción terminan, tarde o temprano, consumidos por las mismas fuerzas

destructivas que ellos sembraron. La perdurabilidad de las organizaciones tecnológicas en la

ingeniería, así como de las estructuras democráticas, descansa en líderes de carácter moral maduro,

dotados de una mirada humana capaz de enaltecer a quienes habitamos transitoriamente este

planeta.


A fin de cuentas, la mayor enseñanza plutarquiana resulta categórica: el liderazgo no reside en

dominar un sofisticado repertorio de técnicas de control externo y apariencias, sino en el

perfeccionamiento incesante de la propia moral y ética humana, en armonía con las competencias

técnicas. Solo así se forjarán sociedades íntegras, tal como sucedió en la Edad de Oro humanística

de Grecia, con algunos vestigios que, sorprendentemente, también se reflejaron en ciertos

gobernantes de Roma. En suma, la obra de Plutarco merece mayor difusión en las aulas de alta

dirección y de gobierno, mientras que El Príncipe de Maquiavelo debería estudiarse como el

contraejemplo de lo que no es un buen mandatario o, mejor aún, como aquello que el viejo filósofo

invitaba a evitar: "un líder sin educación", tal como parece ser la actual tendencia en el mundo.





“La dicotomía política”, arte hecho por Jorge TORRES en Nanobanana2



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